En un patio cualquiera - Papel De Tinta Negra

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17 de noviembre de 2018

En un patio cualquiera


Las risas nunca fueron conmigo, ni los bailes, ni los juegos. Me gustaba observar a quién me observaba, pensando lo que intentaba pensar de mi o del mundo. Nunca necesité demasiado para adentrarme en el mundo donde quería estar, el del silencio y, aunque en aquella edad odiaba la literatura, me enfrentaba al silencio y a aquello que me quemaba de otra forma. Formas que fueron saliendo a través de la pintura, del propio silencio y de la rebeldía. Quisiera mirar como me miran, quisiera soñar como sueñan.

El idilio entre perfección y niñez, hace tiempo que esa burbuja explotó.

En el patio acabo mirando alrededor, todos juegan, ríen, todos saben esconderse tras lo que hablan, intentan disfrutar de la media hora de diversión, o al menos así lo llamaban. Nunca estuve solo, siempre tuve amigos de sobra, nunca me vi solo en esa media hora, al revés. Al menos eso parecía desde fuera, el otro cuento era algo que solo conozco yo y aquellas horas en mi cuarto imaginando algo que no tenía y que, aún hoy, no sé a que me refería.

Quizás necesitaba escribir y soltar lastre, ese que vivía conmigo. Quizás sea un sueño fugaz que no cumplí, un amor infantil que jamás tuve el poder de lanzarme, quizás no era nada.  En el patio acababa sonriendo por inercia, jugando, riéndome, pero ya ibas viendo lo que iba a ir siendo los próximos años. Ya se iba viendo personalidad y yo iba mirando, cual espectador de una serie B el futuro y, al fin y al cabo, me hubiera gustado quedarme en aquel patio y no haber crecido.