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Opinión | Libertad de movimiento

 En plena pandemia nos hemos adentrado en un camino oscuro. Hemos visto los dos lados de una misma persona. Esa que aplaudía a las ocho desde su balcón pero luego salía sin mascarilla cuando tenía que hacerlo. Hemos superado un confinamiento muy duro. Hemos conseguido salir a la calle de nuevo, pero caido nuevamente en los mismos errores. La hipocresía de aplaudir y romper las reglas ya no está de nuestra parte. 

La libertad de movimiento que nos han dado confiando que la sociedad se comportaría tras los antecedentes vividos es la gran broma de este año. La subida de contagios tan progresiva como alarmante nos ha dado las pautas a seguir con ciertos sectores que no han estado a la altura. Gran cantidad de jóvenes han acudido a la calle, bares y discotecas en masa como si no hubiera un mañana sin proteger a sus mayores. Los dueños de las empresas han obviado ciertas reglas y han obligado a trabajadores a acudir a su puesto de trabajo aun estando en ERTE. Nos ha dado igual que cerraran los bares porque hemos montado fiestas privadas con el fin de ver quién se contagia primero. 

La política española está en un tira y afloja para intentar sacar rédito político de esta situación aunque miles de vidas estén en peligro en este momento. Les da igual lo que pueda suceder mientras en las encuestas ganen puntos y suban puestos. La hipocresía de nuestros dirigentes ha llevado a un tenso ridículo, por ejemplo, entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno Central. Nos han dado la libertad de movimiento para demostrar que somos inteligentes y que no volveríamos a las andadas. Está claro que hemos fallado. 

En cambio, los grandes medios de comunicación se empeñan en tirar a un partido u otro por tierra en vez de centrarse en lo verdaderamente importante. La pandemia que estamos viviendo. Una sociedad, cada vez más fragmentada por la estrategia de odio de unos y otros, no sabe que hacer cuando ni sus propios dirigentes tienen claro las directrices a seguir. Estamos volviendo a caer en el pozo de marzo y no nos damos cuenta. Y los que se dan cuenta, no lo consideran importante. Esperemos que la sociedad recapacite y piense, solo por un momento, si lo que le estamos haciendo a nuestros mayores, ellos nos lo harían a nosotros.