Cuando no miras


Cuando no miras y te miro, cuando me miras y no te miro. Me gusta cuando duermes, cuando sonríes, cuando enamoras y cuando te enfadas. Quizás porque no me miras y puedo disfrutar más de ti, de tu forma de ser, de tus momentos a mi lado y de los que no lo son tanto. Quizás porque cuando no miras puedo disfrutar más de tu bonita sonrisa, de tus palabras de apoyo en malos momentos, de tus caricias e incluso de tus reprimendas. 

Para abrazarte no necesito mirarte, necesito sentirte. Y cada día te siento cerca, cuidando el uno del otro, disfrutando de los grandes y de los pequeños momentos que nos da la vida, que para eso hemos nacido para vivir. Y más si es a tu lado. Me enfado, te enfadas, me besas y te beso. Juegos que nunca acaban y que revitalizan algo que está más fuerte que nunca y con lazos que son vías de tren. Un tren que camina con ganas hasta la siguiente parada, y la siguiente, y la siguiente... Cuando no miras y te miro, te veo feliz, te veo sonreir, te veo disfrutar. 

No sé que ves cuando no te miro, si me miras o no. Solo sé que cada día que pasa todo va cobrando más sentido, que los malos momentos no fueron en vano, que los duros días vividos antaño tenían solución y locura. Toda la que tu plantas en mi vida cada día que pasamos juntos. ¿Problemas? Esos, si algún día los hay, quedarán para tí y para mi, para que, con una mirada, me enfades y te enfades, me beses y te bese y de vuelta al juego más bonito. El de seguir juntos cada día.
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Sobre Jesús V.

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