Circo Negro, La Reunión, II. - Papel De Tinta Negra

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27 de febrero de 2014

Circo Negro, La Reunión, II.

Roberto se dejó caer levemente sobre la silla. Estaba a salvo al menos por el momento y ahora era hora de hablar con su sobrino y su maestro en las tierras inferiores. Su sobrino había sido asesinado por él mismo como prueba de fe ante su nueva vida. No tiene remordimientos al recordar que no titubeó ni un segundo al quitarle la vida a su hermana, cuñado, y finalmente a Roberto, el cual llevaba su nombre obviamente por él, que también era el padrino del pequeño.

Para sorpresa del propio Quiómus, su sobrino aceptó los designios que su tío le había impuesto al asesinarlo y tras ofrecerle la opción de las alturas debido a su calidad de niño y de "muerte inncesaria" el chico decidió quedarse junto a su tío, y por tanto en las Tierras Rojas. Una vez fue bautizado con su nuevo nombre, Crakium, fue ascendiendo con inusual rapidez en el organigrama, además de ser un alumno muy aventajado, incluso superando a su tío en algunas misiones debido a su calidad de niño. Quiómus se había quedado sorprendido y había aprendido a enseñarle mientras que, sin que el pequeño se diera cuenta, aprender cosas de él pues según su maestro iba aprendiendo a pasos agigantados en la esfera. El círculo que giraba incesante ante él comenzó clarear de nuevo y mostró una pequeña sala donde la piedra de obsidiana inundaba todo, mas una ventana hacia entrar una luz rojiza y cálida en la estancia. En la misma había dos sillas de madera ornamentadas con cuerpos mutilados y cabezas en los reposabrazos. En una de ellas estaba Crakium, vestido con una capa roja color sangre y capucha blanca, y en la silla de la derecha su maestro, Hórtrux. Fue este quien comenzó a hablar como su maestro más cercano.

 - Bienvenido a tu casa de nuevo Quiómus, aunque sea desde la lejanía.

- Bienvenido al mundo, maestro. - respondió con sincero respeto. Aquel hombre, si es que se puede llamar así, le había enseñado todo lo que sabía y no de forma fácil. Su ego nunca fue una buena arma, y menos en las Tierras Rojas. Decidió seguir hablando y optó por lo más obvio. - ¿Qué tal va Crakium, maestro? Espero vaya confirmando las buenas sensaciones que siempre ha mostrado.

- Oh, la verdad es que va superando las amplias expectativas que hay depositadas en él, aunque es igual que su fallecido tío, el ego y la seguridad en sí mismo no es algo que juegue a su favor.

- Creía que esas son virtudes que los Maestros suelen ver con buenos ojos, maestro.

- ¿Buenos ojos? El lado bueno de las cosas es para los de arriba. Sabes como gestionamos estas tierras y así será. Cada virtud en su justa medida la hace aun más poderosa y eso es lo que tenemos que pulir en el pequeño Crakium - miró al pequeño que sonreía feliz al ver de nuevo a su tío, aunque estaba seguro que esa expresión de niño angelical era su mejor fachada en el mundo real. - Vamos, háblale a tu tío y a tu primer maestro.

- Hola Quiómus, bienvenido a tu casa. - dijo con solemnidad.

- Hola querido sobrino. ¿Cuál fue tu última misión? - Evadirse de lo que le esperaba en la vida era lo mejor que podía hacer y el entusiasmo de su sobrino le venía bien, casi siempre le venía bien.

- La última que me fue encomendada fue traer almas de niños un poco más pequeños que yo, Quiómus. Tuve que utilizar la lástima y la compasión que, como bien sabes, funciona a la perfección en las personas. Luego fue fácil ir con ellos a jugar a un parque y reclutar las ocho almas que me fueron encomendadas.

Tenia que reconocer que su sobrino estaba consiguiendo cosas que él, al menos al principio, no era capaz siquiera de intentar. Reclutar almas de niños era lo que más le costaba. Su maestro le argumentaba que todavía quedaba algo de alma en su cuerpo corrompido por la ambición y el poder, y que antes de continuar, debía "limpiar su cuerpo" como lo llamaba su maestro Hórtrux. Su sobrino en cambio tenía una facilidad escalofriante para reclutar almas sin el más sentido del remordimiento, culpa, o en general cualquier sentimiento que no fuera la eficiencia de conseguir aquello que se le encomendaba, o se propusiera. Sería una pieza clave en su nueva guerra, sobre todo si convencía que se uniera a su causa, algo que no era fácil. Decidió seguir preguntando el final de la misión, más por sincera curiosidad que por evadirse.

- ¿ Cómo conseguiste reclutar las almas, Crakium?

El niño miró unos segundos a su maestro, el cual asintió de forma solemne. Aquello no le gustaba a Quiómus. Estaba acatando las normas demasiado rápido, aunque ya llegaría el momento de cambiar todo aquello a su interés y conveniencia. Su sobrino lo sacó de los pensamientos con una simple frase que le heló la sangre.

- Los ahorqué frente a sus casas por la noche así sus padres siempre recordarían aquel amanecer. - argumentó con una amplia sonrisa.

- Eh... Bien hecho querido sobrino. Los Maestros estarán orgulloso de su sobrino y de su primer maestro, además del trabajo que nuestro real maestro ha ejercido sobre nosotros. - miró a Hórtrux e inclinó la cabeza en señal de sincero respeto, algo que el hombre pareció agradecer. - ¿Sabes cual es ya tu próxima misión?

- He sido llamado al Montaet mañana al amanecer. He pedido que me manden contigo Quiómus, así podría reclutar almas de niños con mayor facilidad de lo que tu podrías.

- Bien pensado sobrino, me serías de buena ayuda. - Era cierto. El ego iba subiendo al igual que las expectativas que los Maestros tenían en él, y puede que haya encontrado el talón de Aquiles de aquel pequeño. Estamos en contacto mediante el bastón. Quiero que me mantengas informado de todas tus misiones y sus resultados, mas si eres enviado aquí conmigo también quiero ser informado de inmediato. No quiero sorpresas con el Circo Negro, es algo demasiado importante para que un niño lo estropee por culpa de sus ansias, ¿entendido Crakium?

El pequeño asintió levemente, pero su tío quería dejar claro su poder sobre él, y lo obligó a pronunciar la respuesta necesaria para la seguridad suya y de su propio maestro, delante de ellos. El silencio de Quiómus anunció a Crakium que aquello no era necesario, así que, tragándose su orgullo, respondió.

- Sí Quiómus, serás informado de todo lo que me pides. Así será, como ha sido hasta ahora y así seguirá siendo.

Aquello estaba bastante mejor, aunque no había pasado por alto el "todo lo que me pides." El orgullo y el ego de su sobrino demasiado ligero. Debía controlarlo y para eso debía hablar con su maestro a solas, así que instó de manera suave a su maestro a que su sobrino marchara.

- Maestro, necesito consejo sobre como encaminar esta misión de la mejor forma posible. Y lo necesito ahora.

- Entendido Quiómus. - Y sin mirar al pequeño, alzó la voz de forma potente. - Crakium, déjanos a solas. Ve a hacer aquello que te encomendé antes y que no terminaste por esta reunión.

- Por supuesto maestro. Quiómus, que Los Diablos acompañen tu misión.

Asintió a la buena suerte de su sobrino y tras esperar unos segundos para que la puerta de madera crujiera levemente en su cierre, argumentó.

- Demasiado ego, demasiada seguridad, maestro debes hacer algo para bajarlo a las Tierras Rojas.

- El Montaet ha sido informado y pronto le asignarán una misión casi imposible de realizar, así verá que no todo es tan fácil como hasta ahora, será duro, pero aprenderá lo necesario. Ahora debes marcharte, tu nuevo socio vendrá a por ti en unos minutos y debes arreglar tu presencia. Estas reuniones destrozan el cuerpo durante horas, así pues, que los Diablos acompañen tu misión.

- Gracias maestro.

Fue entonces cuando el círculo comenzó a girar de forma aun más rápida, hasta que fue menguando hasta quedarse del tamaño de una moneda. Instantes después se lanzó de forma frenética hacia la boca de Roberto, el cual la tragó casi sin darse cuenta. Nunca se acostumbraría a aquello. Las mil ramificaciones del bastón fueron saliendo de su mano y fue tapando las mil puntas que el bastón ofrecía para, al cabo de un minuto, dejar el mismo en un estado perfecto. Movió los dedos de la mano para que la sangre que había sido congelada, volviera a circular la sangre, una sangre que hacía años no sentía. Instantes después, llamaron a la puerta. Era Marc, y no debía hacer esperar a su muñeco de trapo. Comenzaba el juego.

1 comentario:

  1. No me equivocaba en pensar que cada capítulo me iría enganchando cada vez más, porque así es. Me encanta el halo de oscuridad y misterio con el que la historia se está desarrollando. Te sigues superando. Tengo muchas ganas de ver cómo se desarrolla la historia de Roberto y cómo piensa utilizar el Circo Negro en sus planes.
    Muchísimos besos mi amor!!!
    Te amo muchísimo mi niño lindo precioso, increíble y perfecto!!!

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