Tinta Roja, El Regreso.

Se colocó los guantes con la experiencia de la rutina y tras cerrar el botón de la muñeca se sentó en una silla antigua y comenzó a atarse las botas negras. Nadie, ni los ojos más expertos, se daría cuenta de lo que estaba a punto de realizar, y ese pensamiento hizo que una amplia sonrisa iluminara su rostro. Se levantó y tras revisar en el espejo que todo estaba como el deseaba, apagó la televisión, y tras dejar un par de luces encendidas para evitar posibles robos, salió de su casa y enfiló el pasillo hacia el portal del bloque de apartamentos.  Una nueva sonrisa emergió en sus labios al recordar lo de las luces, no dejaba de ser curioso que el se afanara por evitar lo que el mismo iba a realizar.

Enfiló la calle y comenzó el ritual de la vez anterior y comenzó a callejear sin rumbo fijo, o al menos eso parecía pues en su mente las calles y las decisiones estaban tomadas y revisadas. Hacía tiempo que no salía de cacería, y lo echaba de menos. Su cuerpo necesitaba esa adrenalina de ver a esa persona con el miedo ante la muerte, lo anhelaba y hoy, por fin, iba a conseguirlo de nuevo. Tras seguir callejeando y entrar a comprar un par de cosas en una tienda apartada, siguió caminando hasta que fue a parar al mismo parque de la primera vez. Se adentró y tras pasar por la zona de juegos y los pocos bares que allí habían, se acercó a un banco y se sentó por casualidad.

Comenzó a mirar a su alrededor analizando a cada persona que pasaba que se sentaba en los bancos, a los que le preguntaban o que, simplemente, pasaban delante de él. Fue dejando pasando el tiempo hasta que el sol comenzaba a esconderse cansado de un día duro y caluroso, y fue el momento en el que él, tras un suspiro y despidiéndose con un ademán despreocupado de su quinto compañero de banco, se alisó la ropa negra y comenzó a andar con soltura y empezó a caminar al mismo bloque de pisos donde había actuado la primera vez, era el lugar donde nadie se esperaba que volviera a pasar, y por eso, volvía, pura lógica para su mente entrenada en aquellos lances. 

Todo en su mente estaba completamente claro, esta vez no habría lugar para fallos, así que tras llamar a una de las casas, y argumentando que era cartero comercial, pasó y comenzó a mirar en los buzones alguien diferente por su nombre. Tenía tantas ganas de soltar esa adrenalina que le daba igual quien fuera el pobre diablo que ocupara el lugar de la persona que realmente quería. " Todo a su debido tiempo." Tras mirar un par de veces los doce buzones, eligió y tras enfilar las escaleras para subir en el ascensor, se colocó unos auriculares y comenzó a sonar algo que le relajaba en aquellos momentos, Requiem de Mozart. 

Comenzó a silbar suavemente mientras esperaba que llegara y una vez dentro no dejó de hacerlo hasta que al fin, con una suave sacudida el ascensor se paró y las puertas se abrieron. Aspiró profundamente y miró al frente. Todo estaba apunto de pasar de nuevo y lo deseaba, lo anhelaba. Nadie le iba a quitar ese momento de gloria. Se acercó a la puerta de casa y, tras sujetar con fuerza una pistola con silenciador que había emergido desde su espalda, la cual quedaba tapada por una gruesa chaqueta, quedó frente a la puerta y llamó al timbre tras quitarse los auriculares y guardarlos en un bolsillo.

Hicieron falta tres veces para que alguien, al fin, abriera la puerta. Fue una joven de unos dieciocho años, rubia, con ojos castaños y sería ante aquel extraño que había llamado a su puerta sin cita previa. Decidió que todo iría más rápido, no podía aguantar más.

- Buenas noches, se...

No hubo más palabras, la pistola se alzó y un disparo mudo surcó el aire para asentarse en la frente de la chica, que cayó al suelo como un peso muerto. Fue en ese momento en el que se deslizó por la puerta entreabierta y, con la experiencia del curtido en mil batallas, registró la casa en busca de más personas. Tuvo la inmensa suerte de que nadie la acompañaba. Cerró la puerta y tras ver una foto donde se la podía ver con dos personas mayores, sus padres seguramente, se encogió de hombros y tras levantar la camiseta de la chica, pudo sacar de su bolsillo un pequeño bote de tinta roja y una pequeña pluma estilográfica.

Se sentó en el suelo para apoyar el botecito y poder mojar bien la punta de la pluma y poder escribir la letra "R" a la derecha del bonito ombligo de la muchacha. Se levantó y tras peinarla con cuidado, sonrió con tranquilidad. Aquella adrenalina había regresado con mucha potencia. No había podido ejecutar su plan como estaba previsto, pero poco importaba porque otra persona caería de nuevo en sus redes y sería esa persona quien lo pagaría.

Volvió a deslizarse por la puerta y tras bajar de nuevo en el ascensor, se colocó de nuevo los auriculares y comenzó a silbar aquella canción que tanto le gustaba. Una vez fuera del bloque, se perdió entre la oscuridad de las calles de la ciudad, mientras en sus oídos sonaba una obra maestra, una obra que inspiraba todos y cada uno de sus movimientos en el futuro.
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Sobre Jesús V.

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2 Plumas:

  1. Me ha encantado lo del disparo en la frente *-*
    Enhorabuena por el capítulo, besos!

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  2. Tiene un muy buen comienzo esta historia. Todo este capítulo me ha sorprendido por toda la intriga y el misterio.
    Sin duda, me ha encantado. Ahora mismo no sé si me gusta más 'Circo negro' o 'Tinta roja', las dos tienen muy buena pinta.

    Espero gustosa el siguiente capítulo. Un besazo.

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