Tenebris Passiones, Noche Romana, I - Papel De Tinta Negra

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10 de diciembre de 2012

Tenebris Passiones, Noche Romana, I

Roma.
Primavera del 217 a.C.




La noche romana era algo que Emilia nunca había saboreado en sus propias manos. Las noches para los esclavos consistían en descansar lo máximo posible para estar de nuevo al amanecer preparando todo para que la domus de su dueño estuviera impecable para cuando al dueño se levantara. Era la primera vez que paseaba por aquellas callejuelas. No sabía hacia donde iba su dueño, mas no era algo que le incumbiera demasiado. Ella sólo aceptaba y realizaba las órdenes que le mandaba. Cneo Cornelio Aculeo se detuvo ante la puerta de una domus. Se extrañó cuando sus pasos se marchaban de la ciudad de Roma. Le resultaba raro que fueran andando hacia una domus fuera de la ciudad. No habló ni objeto nada en absoluto.

Cuando al fin llegaron, él se paró antes de entrar para dejarle claro a Emilia un par de cosas.

- Esta será tu primera reunión a la que acudirás como mi esclava. Obedece a todo lo que te mande sin el menor atisbo de duda. ¿Lo has entendido?

Emilia asintió de forma rápida. Agachó la cabeza en señal de sumisión, pero su amo alzó la voz de nuevo, y con ello alzó ella la vista.

- No hará falta decirte que nada debes contar a mi esposa. Si te pregunta o insiste demasiado mantén tu silencio y puede que seas recompensada.

Insiste demasiado. Aquella frase la dejó paralizada.¿Seria capaz de hacer lo que se estaba imaginando? Si su nuevo dueño la estaba avisando de aquello es que sería muy posible. Asintió de nuevo al ver que no le había respondido a Cneo Cornelio Aculeo. El hizo lo mismo y entró en la domus, donde el atriense lo anunció en el atrio para que todos los allí presentes se percataran de su llegada. Todos asintieron cuando se fue acercando a cada uno de ellos. Fue entonces cuando fue apartada de su amo y llevada a las cocinas junto con todas las esclavas y la dueña de aquella casa para ayudar a todas las demás. Entre susurros de tantas esclavas, ella lanzo una pregunta.

- ¿Quien es el dueño de esta casa?

- Quinto Fabio Máximo. - susurró otra de las esclavas.

- ¿Y sabéis que se celebra esta noche?

- Eso es algo que no te compete esclava. Deja de hacer preguntas y haz para lo que naciste. - anunció una voz grave desde su espalda.

No le dio tiempo a darse la vuelta cuando recibió varios fuertes golpes en la espalda.  Cayó al suelo de bruces mientras que las esclavas que estaban a su alrededor desaparecían en miles de tareas que hasta ahora no parecían tener importancia. Escuchó como los pasos se alejaron fuertes hasta desaparecer por el pasillo que iba directo al atrio. Fue entonces cuando un par de mujeres se acercaron para alzarla con suavidad.

- ¿Estás bien, pequeña?

- Sí, no me lo esperaba, aunque me lo merezco. ¿Quién era?

- Marco Porcio Catón. Es el protegido del Quinto Fabio Máximo. Mantiene el orden de la casa cuando el dueño está ocupado. - le comentó una de las esclavas.

- ¿Vives aquí? - preguntó extrañada.

- Si. Quinto Fabio Máximo nos compró a mi y a mi hermana de nuestra tierra.

Antes de seguir preguntando, escuchó la orden del atriense, el cual la llamaba. Acudió rauda a su lado para acompañarlo hasta donde estaba su dueño.

- Trae mulsum. Tengo sed.

Ella asintió y volvió a la cocina mientras sentía como casi todas las miradas estaban clavadas en su espalda. Se giró tan solo unos instantes y pudo ver una mirada oscura clavada en ella. Sintió un escalofrío por todo su cuerpo cuando creyó adivinar las intenciones de aquel hombre. Tardó tan solo unos segundos en la cocina cuando ya regresaba con la jarra y un vaso para su amo. Fue él quien habló tras llevársela hacia un apartado. Todos tomaron aquella acción como una reprimenda velada y asintieron con aprobación.

- ¿Por qué andas así? ¿Te ha pasado algo?

No, mi amo. - agachó la cabeza sumisa. Aquel fue su error.

Cneo Cornelio Aculeo alzó la mirada hasta mirar la espalda. Frunció el ceño y alzó de nuevo la voz.

- Esclava, cuéntame que te ha pasado. Soy tu dueño y debo saberlo.

- He recibido varios golpes en la cocina. Me los merecía mi amo.

- ¿Unos golpes? ¿Quién ha sido? Por los dioses, habla esclava.

Silencio. No se atrevía a hablar. Sabía que las consecuencias eran nefastas. Hasta que su dueño alzó la voz con voz potente y lanzó aquella frase que la dejó sin recursos.

- Eres mi esclava, tengo que saber lo que te hacen, y por todos los dioses, si no me dices quien fue, tu recibirás mi furia.

- Se llama Marco Porcio Catón. Dicen que es el protegido del dueño, mi amo.

- Sea pues, acompáñame. No tengas miedo y solo anúnciame su nombre cuanto te pregunte.

- Gracias mi amo.

Cneo Cornelio Aculeo giró la cabeza y posó su intensa mirada en los inocentes ojos de Emilia. Aquella voz emergió de su garganta hasta clavarse en sus oídos.

- Nadie toca algo que me pertenece. Y tu eres una de mis joyas más preciadas.