Demonios, Fora, Parte II - Papel De Tinta Negra

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16 de abril de 2012

Demonios, Fora, Parte II

Crakium recibió a aquel hombre con una sonrisa sincera. Estaba fascinado por aquel nuevo mundo del que todavía sólo conocía una mínima parte. Aquel hombre con barba agachó el gran martillo y miró con curiosidad a aquel pequeño que sonreía. Frunció el ceño, pero antes de preguntar, Hórtrux se adelantó.

- Es nuestra nueva joya de la casa. El Juez del Montaet le ha designado a Quiómus, - añadiendo a las palabras un ademán hacia su alumno.- Él será el encargado de perfeccionar su técnica y su poder. 

- Bienvenido al Infierno...

- Crakium, me llamo Crakium.

- Interesante tu nombre..¿Sabes que significa? - preguntó aquel hombre con cierta picardía.

- No lo sabe, y no es el mejor momento para tal descubrimiento.- anunció Hórtrux.

- No será momento para saber el significado de mi nombre, pero sí para que yo conozca el tuyo. 

- Mi nombre es Stragio. Llevo siglos al mando de la Fora. No es un trabajo para fácil.

- ¿Por qué?.- preguntó Crakium con curiosidad.

- Ahora lo verás, todo a su tiempo, pequeño.

Aquello de pequeño no le hizo demasiada gracia a Crakium, inyectándose los ojos de ira y rabia. Hórtrux pareció adivinarlo y comenzó a hablar, mientras recorrían una primer pasillo con antorchas encendidas por toda decoración.

- Bienvenidos a Fora. Desde los principios llevamos forjando a miles de hombres en su camino a la grandeza del fuego y de Lucifer. Para comenzar, cada Aprendiz de Diablo tiene que pasar por aquí para empezar a forjar su alma, que poco a poco se irá endureciendo conforme vayan pasando los años y sus misiones sean completadas con éxito, y si no son realizadas su dueño será desposeídas de ellas con el mayor dolor. Las armaduras irán por dentro de la túnica que se os sea asignada en cada investidura de mayor grado. Esta noche comenzaremos con la Forja de Manos. Comenzaremos por Quiómus, que fue el primero que llegó a nosotros, tras una gran lista de atrocidades en su vida. Lo dejo en tus manos Stragio.

Quiómus avanzó hasta el Forjador con lentitud pero seguro de ir con aquel hombre, por su parte Stragio le puso la mano en el hombro y lo empujó fuerte pero firme hacia dentro de una estancia  algo pequeña. Cuatro antorchas iluminaban desde cada pared la sala. En el centro de la misma una especie de pozo con una tapa de hierro forjado sellaba aquella salida. Stragio abrió mediante una pasada de su mano izquierda la tapa de hierro y ascendió lentamente hasta quedar en vertical a un lado del pozo. El Aprendiz de Diablo se acercó para intentar vislumbrar que emergería de aquella oscuridad, pero la mano fuerte del Forjador le empujó hacia atrás de forma firme. Stragio comenzó a murmurar varias palabras y una luz anaranjada comenzó a iluminar el fondo del pozo. Un sudor frío comenzó a surcar la espalda del Aprendiz cuando adivinó lo que estaba creciendo en el interior.

El fuego comenzó a subir y varias chispas saltaron hacia arriba, haciendo que Stragio sonriera, aquello le hizo hablar.

- Es como si supiera lo que va a pasar. Parece que se divierte, después de tantos años...

- ¿Qué va a pasar?. -preguntó Quiómus con un nudo en la garganta, aunque algo le decía que ya lo sabía.

- Vamos a forjar la primera parte de tu armadura, las manos.

- Necesitarás algún molde de mis manos, ¿no?

- Tus manos serán el molde.

El fuego aumentó hasta dar sobrepasar en varios palmos el límite del pozo. Stragio, aprovechando la perplejidad de Quiómus, le agarró las manos y tras atarla fuertemente con algo negro, las introdujo en el fuego, y las aguantó con una especie de lámina de hierro labrada. Los gritos de Quiómus resonaron por toda la estancia, mientras sentía que el hierro se clavaba en su piel, haciendo trazas de piel, mientras el olor a pelo quemado y la furia por apartar la mano, le fuera dejando sin fuerzas, y viendo como varias lágrimas surcaran su cara contraída. Girones ardiendo de piel caían al pozo mientras ni una gota de sangre se lanzaba con el fuego, ya fuera por miedo o por que la sentía abrasar todo su cuerpo, lentamente.Stragio, por su parte, susurraba le susurraba al oído.

- Por algo lo llaman el Infierno, ¿no crees?

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