Mi Segundo Amor, I - Papel De Tinta Negra

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19 de enero de 2012

Mi Segundo Amor, I

Me enteré un mes antes. Desde entonces comenzó un hormigueo dentro de mí. No sabía porqué pero estaba deseando verte, estaba deseando tocarte. Los días pasaron demasiado lentos, era como si alguien le diera al pause mientras mi corazón seguía nervioso. Lo preparé todo para que no faltara nada, y tras revisarlo varias veces, me quedé tranquilo.

La noche antes de la partida, mis sentimientos comenzaron a latir de forma diferente. No la conocía, pero ya sabía que me iba a enamorar. Por más que lo intenté, esa noche no pude dormir, será porque me hablaron de ti maravillas, porque me contaron que reinarías mi corazón, aunque yo levantara la muralla más grande que existiera. El miedo me comenzó a recorrer por todo el cuerpo. No sabía si iba a gustarle, y mucho menos que me acogiera con tanta fuerza.

Me levanté con muchas ganas, y más nervioso que la noche anterior. Sabía que era el momento y no quería perderlo. Cerca de las seis de la tarde fui en tu busca. Por el camino sentí que decenas de imágenes sobre ti se clavaban en mi mente. Pero no fue hasta dos horas después cuando al fin te pude ver a lo lejos. Me mostraste tu mejor silueta con la mayor de las indiferencias. Pude ver como brillabas en la oscuridad, mostrando tus decenas de caras al mundo. Me quedé perplejo al darme cuenta que todo lo que me habían contado no era nada. Ver tu silueta iluminada con miles de puntos brillantes fue increíble. 

Tras un momento de duda, me acerqué a ti. Estabas algo recelosa por ver a alguien que no conocías, pero sabías que tenías que hacer. Sólo tenía que recorrer tu cuerpo para saber que me enamorarías. Pasé casi una semana conociéndote, pero me daba la impresión que te guardabas algo. Escondías miles de momentos y entonces supe, que tenía que volver a verte. Pasé unos días increíbles intentando descubrir lo que guardas en tu interior, pero me diste como respuesta lo mismo que a todos los que acuden a ti. Indiferencia, y un solo motivo para volver.

Supe en ese momento que volvería, no sabía cuando, ni cómo, pero volveríamos a vernos. Tras días contigo, me obligaron a dejarte, me susurraron al oído que algún día sería mía. Con esa promesa rasgada por mis sentimientos, me marché. Mi alma lloraba en silencio de camino a casa. Era una mezcla de felicidad y de tristeza. Feliz, porque al fín te había conocido, pero mi alma se destrozaba en miles de trazas, intentando vislumbrar aquel momento en que nos volveríamos a ver...