Voces Muertas, IV - Papel De Tinta Negra

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7 de abril de 2011

Voces Muertas, IV

Miriam seguía petrificada al ver a su hija cubierta de sangre y riéndose frente a ella,en ese momento Sofía se desploma sobre la sangre como un peso muerto sobre el suelo de madera. Entonces Arabia entró por la puerta y sin comprender nada se echó a llorar a ver a su hermana cubierta de sangre.

Jose asió en brazos a Sofía, la cual volvía en si poco a poco, acto seguido, la desnudó y la metió en la bañera para quitarle la sangre que tenia pegada en el pelo y por todo el cuerpo. Sofía estaba nerviosa, notó su padre, pero pensó que sería por lo que había pasado en la habitación. La sacó de la bañera y le puso el nuevo camisón, y la llevó de nuevo a la habitación de ellos, donde Miriam estaba terminando de limpiar la sangre.

Se dirigió a su hija con una sonrisa, pero entonces la niña habló.

- Lo he visto, mamá.

-¿A quién has visto cielo?- dijo su madre preocupada.

- A tito Roberto- en ese momento miró hacia abajo, preocupada.

-¿Seguro Sofía? Recuerda que tito Roberto no está con nosotros, que se fue al cielo con la abuela. -dijo Miriam para intentar tranquilizarla.

-Sí mamá, me dijo cosas sobre tí.

- ¿Y qué te dijo cariño?

- Dijo que nos echaba mucho de menos, y que ha vuelto porque quiere hablar contigo mamá, ¿no te alegras?

- Sí Sofía, claro que sí- dijo contrariada.

Después de esto acompañó a sus hijas a sus habitaciones y las acostó, después se quedó en el salón, y puso la televisión, al cabo de unos minutos la televisión estalla en mil pedazos, haciendo que Miriam se asustará y diera un grito ahogado, pero antes de que se pudiera recuperar las luces se encendieron, y las puertas del salón comenzaron a abrirse y cerrarse, hasta que los cristales de las mismas estallaron en miles de aristas transparentes.Al momento una ráfaga de aire la golpeó contra la mesa del salón, dejándola sin aire, comenzó a levantarse pero sin darle tiempo una ráfaga de aire la lanzó al suelo, y entonces miró al techo del salón, y entonces le vio...

Unas sombras negras daban giros esperpénticos sobre el techo, donde varias lámparas de aceite giraban en el centro de la misma, de pronto las sombras pararon y la cera se derramó sobre la cara de Miriam, haciéndola gritar de dolor.