Diario De Un Naufragio, Tarde De Recompensas - Papel De Tinta Negra

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12 de noviembre de 2010

Diario De Un Naufragio, Tarde De Recompensas

Marc se despertó de su pequeño sueñecito a la sombra del árbol, y al recomponer su cuerpo tiró el hueso de la pieza de fruta y su periódico al suelo. Se sentó en el banco a observar la plaza, y debia de ser la hora de la comida, ya que no había ni un alma paseando por la misma. Entonces se levantó y fue callejeando por una de las bocacalles de la plaza, hasta que fue a parar a la panadería, donde la panadera tiraba los panes sobrantes, y siempre caia alguno, y ese mediodia no fue diferente.

- Buenas Tardes, panadera de mis sueños.

- Dirás mejor panadera que te quita el hambre- haciendo una mueca de picardía.

- Gracias a ti no paso hambre cada mediodía, pues te doy mis mas sinceras gracias- dijo inclinándose en señal de reverencia.

- Venga, venga, coje el pan, y vete ya, antes de que me arrepiente.

- Muchas gracias panadera de mi corazón- dijo lanzándole un beso.

- Sus besos se agradecen, pero corra ya, antes de que venga el dueño y me pille- dijo cojiendo el beso y guardándolo en un bolsillo del delantal.

Con su pan de cada mediodía fue de camino al mercado, aver si caía algo para huntarlo en el pan, ya que está muy soso a estas horas del día. Llegando a la puerta, fue directo a la tienda de embutidos, donde le dieron varias lonchas de queso, y algunas de chorizo, el cual las agradeció como si les salvara la vida. Después se puso a andar hasta su amigo el forjador, para ver el avance que habia logrado en su último trabajo, un mueble para un noble muy adinerado.

Tras sonsacarle varias monedas al forjador, se dirigió al muelle, donde se sentó en su banco de piedra, donde vería venir a los marineros de faenar, con su almuerzo bien preparado, como cada día. A los pocos minutos los barcos llegaron de par en par, como oliendo las comidas que les tenían sus mujeres preparadas. Un marinero que venía se le quedo mirando con cara de sorna y le dijo....

- Me alegra ver el fruto de tu trabajo en tus manos, Marc.

- Y a mi me alegra ver como vienes cansado de pescar pececillos- dijo con una amplia sonrisa.

- Yo al menos trabajo para comer, no voy de caradura por la vida- dijo entre carcajadas.

- Me va mejor de caradura, que de intentar parecer honrado, no te creas.

- Normal, no te tienes que preocupar por comer, ni por dar de comer, te lo dan todo por tu don de palabra.

- Si quieres te enseño, es fácil, después de unos meses, lo conseguirás- dijo guiñándole un ojo.

- Bueno Marc, te dejo con tu almuerzo, que el mío me espera servido en la mesa.

- ¿No tendrás alguna moneda para un pobre mendigo vapuleado por la vida?- dijo con una sonrisita.

- Si hombre, toma un par de duros, para que luego no me digas tacaño.

- Gracias, que Dios te lo pague, porque como me esperes a mi.... y que sea de buen provecho tu almuerzo.

El marinero se despidió con un asentimiento y con la sonrisa en la boca, mientras Marc guardaba su recompensa en su bolsillo, unos de los pocos que no estaban descosidos todavía. Cuando terminó su tentempié se quedó mirando el vaivén de las olas, y pensando en que había sido una tarde de recompensas, y eso que la tarde no había hecho mas que comenzar....

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